El Secretario General del CLAD diserta sobre innovación y la dirección pública profesional


El Secretario General del CLAD, Francisco Velázquez, disertó sobre innovación y necesidad democrática en las direcciones y administraciones públicas, en actividades realizadas junto al CIDE-CLEAR de México, el pasado 2 de junio, y la Universidad de Vigo en España (UVIGO), el día 7.

En su presentación dirigida al Centro para el Aprendizaje en Evaluación y Resultados para América Latina y el Caribe (CIDE-CLEAR), abordó los retos, innovación y enseñanzas en las administraciones tras la pandemia. El Secretario General afirmó que, tras la pandemia, no todo es negativo, sino que se abrió una oportunidad para mejorar el funcionamiento de las administraciones públicas.

A su vez, propuso retos para la administración pública. El primero de ellos, el fortalecimiento de las instituciones, por medio de la distribución eficaz de recursos financieros, neutralidad política y profesionalización. Segundo, la mejora del funcionamiento de las administraciones, a través del fortalecimiento de los servicios públicos, la eficacia y transparencia, y la rapidez en la contratación. Tercero, recuperar la confianza ciudadana, que también es producto de mejoras en los servicios públicos, y cuarto, prepararse para la cuarta revolución industrial, con robotización, digitalización de expedientes, y funcionarios en teletrabajo.

Velázquez procedió luego a describir el momento actual como uno de gran complejidad, con incesante agitación tecnológica. Por tanto, se requiere de un salto cualitativo hacia tecnologías como el big data y la inteligencia artificial para la eficiencia y eficacia de los servicios públicos. La pandemia ha significado la extensión del trabajo online y los formatos virtuales, así como se ha demostrado gran resiliencia de parte de los trabajadores públicos, que pone en evidencia gran compromiso y vocación de servicio.

En este orden de ideas, afirmó que se ha evidenciado la necesidad de la innovación pública, entendiéndose a esta como es el proceso de explorar, asimilar y explotar una novedad, para contribuir con soluciones originales a las necesidades ciudadanas. Para ello, insta a realizar las reformas estructurales y organizativas pertinentes para una administración más eficaz, eficiente y transparente.

Define una administración innovadora, como aquella que cuenta con funcionarios profesionales, utiliza TIC, participa con ciudadanos y empresas, planifica y ejecuta políticas públicas, se apropia de la creatividad ciudadana, y practica la gobernanza, transparencia, ética y rendición de cuentas. Su finalidad es crear valor público, con mejora de los servicios, procesos y generación de confianza. Los pilares de la innovación inteligente son la visión estratégica, gestión del conocimiento, inteligencia colectiva, inteligencia artificial y un modo relacional democrático, inclusivo, abierto y transparente.

Posteriormente, el 7 de junio con la UVIGO, el Secretario General habló sobre “La necesidad democrática de una dirección pública profesional”, haciendo especial énfasis en la necesidad de la interacción entre meritocracia y la cultura política de los grupos de presión, y el cortoplacismo de la democracia electoral. Para ello, en lugar de crear nuevas normativas, resaltó la necesidad de aplicar las ya existentes, en concordancia con el pensamiento de Francisco Rubio Llorente.

Mencionó a su vez la relación presente entre dirección pública y poder, así como la necesidad de tener en cuenta la realidad tras las decisiones públicas para aportar a su legitimidad. Afirmó la necesidad de ir más allá de la instrumentación de manuales o tecnocratización de la administración. De igual manera, se requiere transicionar de “trabajar para” a “trabajar con”, refiriéndose a la necesidad de contrapesos vivos del poder político y la incorporación de la innovación en la prestación de las políticas públicas. Propuso cambios de paradigma en la dirección pública, como evitar confundir jerarquía con sabiduría, y dejar las explicaciones técnicas a los especialistas.

Luego, desarrolló ideas sobre cómo modificar la primacía de la ideología y afinidad por sobre la competencia en la administración. Hizo principal énfasis en la necesidad de profesionalización, y alteración del proceso de selección y nombramiento directivo. Dicho proceso ha de hacerse con base en la experiencia profesional, realización de pruebas evaluadas, definición de plan estratégico del candidato, y entrevista profesional con un comité de expertos. Puso como ejemplo el sistema de selección de la Unión Europea como un modelo a seguir.

Seguidamente, enunció los obstáculos para la correcta ejecución de las ideas planteadas: el formalismo decisional de la cultura burocrática, el rígido respeto al procedimiento, la jerarquía, y la tradición. A su vez, mencionó las debilidades actuales, como lo son la insuficiente profesionalización, la confianza como elemento determinante de nombramiento y cese de funciones, la falta de acreditación profesional y experiencia, la falta de estabilidad en los puestos, el estilo de dirección excesivamente apegado a los dictados de la superioridad, y la resistencia a implicar a los grupos de interés.

Concluyó con ciertas ideas clave, como: la elección de directivos debe darse entre personas con prestigio, se debe dar publicidad a los nombramientos, ha de existir audiencia del Congreso de los Diputados, se debe dar publicidad de los nombramientos, perfiles y méritos exigidos, se han de plantear méritos objetivos para el incremento de la profesionalidad, reducir la rotación de puestos, realizar planteamientos estratégicos y con continuidad. A su vez, hizo alusión a la necesidad de abrir paso a más mujeres en posiciones directivas, la adición de nuevas competencias como condiciones para la dirección pública.

Los videos de ambas actividades se encuentran disponibles en el canal de YouTube del CLAD.